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[ARTÍCULO] El golpe del coronavirus al manejo del sistema de salud

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Si hay algo que la pandemia del COVID-19 nos ha permitido observar como elemento común en varios de los países donde esta ha pasado, es el modo de operar de los distintos sistemas de salud.  Un virus desconocido, que posee una capacidad de contagio impredecible de controlar por parte de los expertos de la salud, y por ello su rápida propagación a nivel mundial. En su lugar de origen, en China, tomo por sorpresa y desprevenidos a todos, provocando que se tomaran medidas extremas como la fabricación en tiempo record de hospitales exclusivos para pacientes que presenten la enfermedad. Fue posible presenciar la capacidad de una potencia como China ante la propagación de un enemigo invencible como el coronavirus, que dio un golpe duro al gigante asiático con la muerte de miles de sus habitantes, e incluso a su economía interna. Sin embargo, el virus se expandió por casi todos los continentes del mundo por lo que la OMS le dio la categoría de pandemia. El coronavirus a más de dejar víctimas producto de su contagio, también permitió descubrir las realidades de los distintos países donde llegó, especialmente de los sistemas de salud y cuan preparados estaban para afrontar una emergencia como está.

Sin detenernos en el análisis detenido de casos como España o Italia que son ahora los nuevos focos centrales de contagio del coronavirus, superando a China, pasemos directamente al caso de Ecuador y como la pandemia desnuda la problemática, de un sector que debería ser de prioridad. Comenzó a rondar en los inicios mes de febrero, si los sistemas de salud de los países latinoamericanos estarían lo suficientemente preparados para afrontar un escenario trágico con una posible pandemia. Los casos se comenzaban a registrar de a poco, y el golpe del coronavirus parecía inminente, solo era una cuestión de tiempo, y llegó, el sábado 29 de febrero de 2020 se oficializó el primer caso en Ecuador. Desde ese entonces todas las autoridades desde presidente, ministros alcaldes y demás han estado con la presión permanente de tomar medidas de acuerdo a como se presente la emergencia, pero sobre todo brindar un aire de calma y optimismo a la opinión pública. Pero sin lugar a duda quien o quienes han estado en el ojo de todos, la mayor parte del tiempo son quienes responden al sector de la salud, algo que desde antes de la llegada del coronavirus se ha encontrado en entredicho en su calidad y eficiencia. Para esto se hace indispensable recurrir a las intervenciones en la cual ha sido participe el alcalde de Quito Jorge Yunda quien en sus declaraciones manifestó constantemente algo que ha sido siempre un secreto a voces y del cual el mismo gobierno nacional ha querido darse por desentendido. Parafraseando al alcalde Yunda, en sus distintos discursos, resonó cada vez lo siguiente: “El sistema de salud es insuficiente para una emergencia como esta”, una sentencia que parecería ya ser común entre nosotros, pero que no debería pasarse por alto, y más bien pensar la pobreza y precariedad que tiene consigo el sistema de salud de este país en pleno siglo XXI. Varios gobiernos han pasado, y al parecer y ni siquiera el estado de propaganda que preponderaba el gobierno de Correa fue lo suficientemente

Es un hecho que la salud en el Ecuador termina siendo un privilegio para unos cuantos, además de ser un servicio que ofrece su calidad de acuerdo al capital económico que el cliente/enfermo pueda pagar. La disputa entre la salud pública y privada generada por varios años, solo permitió establecer a la salud como un producto más dentro del mercado dentro de bienes y servicios. En esa medida, la salud fue aprovechada por las aseguradoras privadas que sin duda sacaron su buena partida económica, debido a un desprestigio constante de lo público. Desprestigio que se visibiliza a través de hechos como por ejemplo el caso del IESS, que cada año tambalea al borde del abismo, y llevando consigo una continua incertidumbre de los afiliados al seguro social, quienes para acceder a un servicio que les corresponde por derecho, deben esperar hasta cinco meses por un turno médico. Aun varias personas de lugares lejanos o zonas rurales deben trasladarse en viajes muy largos hasta ciudades como Quito o Guayaquil, donde se han centralizado los principales hospitales y especialistas. Ejemplos que demuestran que la situación no ha variado mucho en cuanto a la salud se refiere, a pesar del estado de propaganda que pregonaba el gobierno anterior, en el cual se destacaba una realidad diferente. En ese sentido, la salud ha comenzado a entrar en un proceso de desvalorización como servicio y desprestigio ante la población, lo que permitió un avance más contundente por parte del sector privado en este campo.

Un desprestigio que se complementa con los casos de corrupción como por ejemplo los contratos con sobreprecios no justificados para la construcción de algunos hospitales, o la adquisición sin justificación alguna de medicamentos, que solo empeora la imagen de la salud ante la opinión pública. Eso ha permitido que al sector de la salud se lo tome a la ligera, y no sea visto como un asunto de prioridad en los planes de gobierno. Tanto así que es uno de los primeros sectores al cual se aplicó la famosa austeridad con el despido de empleados y el cierre de centros de salud, o lo ocurrido meses atrás con el posible retiro de los estipendios para los estudiantes de medicina. Entonces y con más facilidad, el sector privado entra en juego y convierte a la salud en un privilegio, no solo en calidad de personas que requieran atender alguna dolencia, sino también como quienes aspiran a enmarcar un futuro profesional en el campo de la salud. La medicina es una de las carreras más caras en el país, y además una de las más solicitadas en cada examen de ingreso, generando un problema sin fin para las autoridades de Educación Superior, Universidades y en especial a las familias de los estudiantes que ven inviable cubrir económicamente una carrera universitaria tan costosa. Paulatinamente, el sistema de salud decae en todas sus partes, obteniendo como resultado un problema estructural, del cual es difícil encontrar una solución sensata y menos aún con la llegada de una pandemia que parece que lo puso al límite.

Lo cierto es que, la poca atención y falta de políticas que garanticen una adecuada operación del sistema de salud, está pasando factura de forma dramática. En pleno momento de crisis sanitaria, se han hecho visibles las protestas y reclamos de los mismos trabajadores de la salud como médicos y enfermero/as a través de sus redes sociales al no tener los recursos y equipos necesarios para afrontar una emergencia con tremendas características. Incluso algunos integrantes del personal de salud prefirieron renunciar ante la falta de equipos de protección, como lo indica una personera de la salud en un reportaje para el noticiero de Ecuavisa. La situación es alarmante, el sistema de salud ecuatoriano acaba de recibir un golpe de nocaut por parte de la pandemia, los médicos se encuentran a la intemperie, sin los insumos necesarios y expuestos a un posible contagio, además de ser amenazados por las autoridades si se atreven a denunciar públicamente la situación en la cual se encuentran.  Quedan deslegitimadas totalmente las declaraciones gubernamentales de hace algunas semanas acerca de que las operaciones del sistema de salud eran eficaces en todos sus sentidos, especialmente de la Ex Ministra de Salud Catalina Andramuño, que parecían indicar que las medidas y protocolos eran aplicados de la mejor manera posible. Es lo que nos deja también con su paso el coronavirus, la realidad de un sistema de salud ineficiente, que ha sido visto más como un gasto para el Estado que como una prioridad social.

#Indymedia Ecuador

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