Boletín Informativo N° 142 – Kurdistán América Latina-

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 NOTICIAS Y ANÁLISIS
Semana del 01 de abril al 07 de abril  2019  

Esta metodología solo busca que el gobierno gane “legitimidad” frente a la debilidad que atraviesa. El Ejecutivo  turco además intenta “continuar sus políticas de guerra dentro y fuera del país”. “Pero los pueblos de Turquía y las fuerzas de la democracia asestaron un gran golpe a la perpetua demagogia del gobierno fascista del AKP-MHP que expone su sentimiento anti-kurdo, anti-mujer, anti-trabajador y anti-democracia”, expresaron desde el KCK.

Después de regresar de la primera línea de la batalla final contra el califato de ISIS en Baghouz, en el este de Siria, Jared Szuba se reunió con el representante de Asuntos Exteriores del TEV-DEM Aldar Xelil en Qamishlo, en la frontera con Turquía. En una entrevista exclusiva paraThe Defense Post, Xelil describió lo que vendrá después para las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) y el proyecto político multiétnico del norte y el este de Siria, un área a la que los kurdos se refieren como Rojava, que significa “oeste”.

No he tenido el privilegio de conocerle personalmente, todavía, pero me hubiera gustado mucho compartir este momento con usted. Un momento propicio para celebrar juntos las alegrías y las esperanzas de esta vida, en un mundo cada vez más convulsionado y necesitado de transformaciones. Un momento para reflexionar juntos, en torno a la Ruta de Paz que usted ha delineado y todo lo que junto a nuestros pueblos hemos podido vivir, lograr y aprender, para seguir fortalecidos en el camino.

-Las mujeres desempeñan un papel estratégico en la libertad e independencia de los pueblos, y en la paz y la justicia de la sociedad. La igualdad de género, la justicia social, una vida de libre, la organización y la identidad son importantes para una sociedad. Vemos esto sobre todo en la sociedad kurda. A pesar de siglos de colonización y ataques hostiles, los kurdos se han preservado a sí mismos. No era un reclamo político, pero como pueblo, protegían su propia cultura, existencia, tradiciones y costumbres. Siempre han estado en resistencia.

Conocerse. Hablar. Cuidarse. Esa es la base desde la que se construye la revolución. “¿Qué clase de mujer quieres ser? ¿Qué vida quieres llevar?”, pregunta la comandante Arian a sus compañeras de las YPJ (Unidades de Defensa de las Mujeres). Muchas no saben qué contestar. Miran al suelo, a sus manos, sus rostros reflejan la inmensidad de la pregunta. Nunca se han cuestionado qué vida eligen para sí mismas, qué mujer quieren ser o en qué entorno quieren vivir. “Si no nos conocemos no podemos triunfar”, explica Rohash Shexo, representante en Europa del Kongreya Star, organización paraguas que acoge las organizaciones de mujeres del Kurdistán y que pretende extender la revolución de la emancipación de la mujer a todo Oriente Medio. “La revolución se construye sobre la experiencia”, y lo primero es conocernos y organizarnos.

Las elecciones municipales del 31 de marzo, que han sido un referéndum sobre la gestión de Recep Tayip Erdogan un año después de convertirse en el todopoderoso presidente de Turquía, confirman la tendencia de los acontecimientos de los últimos años: el fin progresivo del erdoganismo, a pesar de que el nacional-islamista Partido de Justicia y Desarrollo (AKP) haya sido el más votado. “Por 15ª vez fuimos el primer partido“, presumió Erdogan. El mapa político se hace de lo más apasionante: el AKP y sus socios del gobierno, la extrema derecha panturquista de Acción Nacionalista (MHP) han perdido nada menos que la capital Ankara, las provincias costeras mediterráneas de Adana, Esmirna, Mersin y Antalya. Mientras la ciudad más grande kurda, Diyarbakir, ha votado al perseguido Partido Democrático de los Pueblos (HDP), formación kurda-socialista; en Estambul, la victoria está disputada entre AKP y el centrista-secular Partido Popular Republicano (CHP).

-Me impliqué, pero me trajo muchas dificultades. Mi marido ponía todas las trabas posibles, me maltrataba, me insultaba. Tenía que dejar todo hecho en casa, sin un error para que no me pusiera problemas. Durante muchos años viví dividida. También la familia hablaba: “No eres un hombre, deberías ser una mujer normal; a una mujer que hace política deberían matarla; si yo fuera tu marido, te mataría”. Como mujer kurda he sufrido mucho. Pero una mujer que cree en sí misma insiste y tiene que poner sus creencias en práctica. Mis hijos me apoyaron, aprendí mucho de ellos. Yo estaba todo el día fuera, pero ellos decían a su padre: “No, mamá no ha salido”. Mis hijos eran muy inteligentes, crecieron en la revolución. Sentían lo que siento yo. Sabían cuánto luchaba, también con su padre, y cuánto me lastimaba él.

El enclave kurdo de Afrín permanecía completamente asediado en noviembre de 2013, después de que Estado Islámico (EI) expulsara al Ejército Libre Sirio (ELS) de las zonas de Idlib y Alepo colindantes con la región. La frontera turca en la parte norte y las poblaciones de mayoría chií de Nubul y Al Zahrá, controladas por el Gobierno sirio en el extremo este, habían permitido a las Unidades de Protección Popular (YPG, por sus siglas en kurdo) concentrar la práctica totalidad de sus efectivos militares en un extenso frente meridional para contener el avance de los yihadistas.

Estaba allí desde mucho antes. “Vuelve a andar por el Kurdistán” dijeron la primera vez que escuché, en un bar de Estambul, el nombre de Karlos Zurutuza. Arrancaba la segunda década del XXI y Zurutuza – un instructor de esquí vasco, aventuró un colega– llevaba años yendo al Kurdistán. A los montes Kandil donde los reporteros diseminados entre Beirut, Bagdad y el Bósforo acudían alguna rara vez, si el periódico les pagaba el viaje, para buscar a los jefes del PKK, la guerrilla kurda.

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