Comenzó a mediados del siglo XVI, algunos dicen que en Wamanka, y según otros en la ceja de selva de Huan-cavelica... Clandestinamente, surge la Danza de Tijeras, como genialidad contestataria de disfrazar el ancestral culto a los Apus en aquella coyuntura de "modernidad" impuesta por Occidente.  
Cuenta la tradición que las Wakas se rebelaron contra el Occidente Cristiano; encarnándose en seres míticos; "dan-zaqs" o danzantes y en sus músicos, quienes poseídos por las divinidades del Ande, danzaban en éxtasis frenético, proponiendo el regreso del Antiguo Orden y exigiendo a sus compatriotas no subordinarse a la "globomo-dernidad" extranjera... Estos Apus viven en los cerros, peñascos, cañadas, en donde los danzaqs entran en comunión secreta con ellos. Si consideramos que la "Zona de Operaciones" de los danzaqs del Taki Onkoy es limítrofe a la Zona de Operaciones de los Inkas de Vilcabamba en que culmina la Gesta de Manco Inca, entonces no debe extrañar que los curas extirpadores de idolatrías a la par que las tropas virreynales hayan ejercido un rol eminentemente contrasubversivo. Asimismo, ya había arribado la "Santa Inquisición" administrada por dominicos especializados en demoler "huacas" andinas para edificar -sobre sus cimientos- las llamadas iglesias... Que descalifican aquel "satánico ritual" como subversivo, puesto que aparte de impugnar el Nuevo Orden, además "invertían" el uso de instrumentos europeos como el violín y el arpa ("usándolos" al revés), con un mensaje tácito de liberación. Como músico, puedo decir que los 160 movimientos armónico-melódicos refieren un "vals invertido". ¿Sería tal vez un sarcasmo a los géneros traídos por el invasor? En Ayacucho, Huancavelica y la sierra de Ica (según Manuelcha Prado, existe un Baile de Tijeras con reminiscencias afroperuanas), los invasores habían prohibido el empleo de kenas y pinkullus, así como todo sonido de instrumentos autóctonos... Entonces la percusión indianizada del instrumental "euro" (arpa y violín) es "nacionalizado" en un tintineo desafiante, obsesivo y "mágico". Lo cierto es que cada vez que salían las procesiones del Corpus y afines, los danzaqs hacían sus encuentros ("Tinkus") en lugares secretos y remotos. Había incluso la tradición de pactar con el Apu, danzando hasta morir... Y la tijera era un oráculo que decidía cuan larga sería la existencia de estos maravillosos andinos "rockeros de protesta". Y es que había que blasfemar en contra de ese Evangelio impuesto con cepo, horca y espada, incompatible con un Pachacámak condenado a la clandestinidad.
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